Comida de empresa
Amigo, no insista. Deje de preguntar. Mi vegetarianismo es estrictamente personal. Nada tengo que argumentar, no pienso explicarme. Yo no denuncio nada, simplemente no como carne. Y ya está. Y piense lo que quiera, usted verá. Que no le parece coherente, vale. Que si la naturaleza es cruel y tal, vale. Que también una lechuga está viva, perfecto. Hitler no comía carne, me dice usted desafiante, chapeau por usted y por el ejército aliado. Que mucho preocuparse de los animales y poco de la causa del hombre, okey. Que le parece una pose, hágame una foto. Que en rigor el dolor de los animales no puede ser llamado dolor, yo no digo ni que sí ni que no, usted será el experto. Veo que se ha quedado callado y empieza a atar cabos. El prejuicio da verdad, claro, en parte yo también estoy con la rehabilitación del prejucio como herramienta para comprender lo que hay por ahí. Así que complete mi ficha new age si le apetece. Escriba una X en energía, otra en meditación zen, otra en camisa blanca de lino y otra en hamburguesa de tofu. Rellene los demás apartados teniendo en mente a Charles Manson. O si lo prefiere imagíneme como el protagonista jipi de los anuncios de Campofrío. Aquí estoy, pero no espere de mí razones. Si se siente más cómodo le diré que de vez en cuando como chorizo a escondidas. Me escondo de mí mismo y le meto tal bocado a las carnes rojas que me atraganto, y flipo. Ni mastico ni nada: to pa dentro. Alguna vez he ido disfrazado de mujer al McDonald´s y me he quedado mirando durante largo rato a niños pobres comiendo “carne en abundancia por tres euros” y he llorado, y se me ha corrido el rimel y he mirado al empleado del mes y he cogido mi hamburguesa y con ella y con una Coca cola de medio litro he llegado muy excitado a los aseos donde hay espejos a ver cómo lucía. Y no han hecho falta más de tres palabras y un par de minutos para estar saciado.
Tranquílicese, amigo, al fin y al cabo, usted y yo, no somos tan diferentes.



Me ha encantado el relato, Oche. Me hace mucha gracia y me río como con todo lo que leo últimamente; para ser exacto con los dos libros que estoy leyendo: “La economía no existe” y “Bajo el signo de Marte”. Ma da risa, al igual que con tu texto, leer del mundo donde vivo, de la sociedad del bienestar y del respeto.
“Aquí estoy, pero no espere de mí razones.”; esta frase tiene que ir a la sección de citas.
Un abrazo.
7 enero 2010 a las 21:25
Bravísimo!!!!!
8 enero 2010 a las 00:03
Como diría mi amiga Marikilla “me encantif”.
8 enero 2010 a las 01:10