Emociones
“La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la -aman, yo creo que es al vesre.”
Julio Córtazar
Si alguien un día me preguntara qué es aquello sin lo cual la vida no merece ser vivida, mi primera reacción sería, seguramente, “quedarme pillao”. Luego, después de salir de mi perplejidad, se me vendrían muchas cosas a la cabeza, pero casi con toda seguridad diría que aquello sin lo cual la vida no merece ser vivida es el amor. Creo que nunca me han preguntado eso en serio. Hombre, he tenido que responder una infinidad de veces a la cuestión “¿salud, dinero o amor?”, pero eso no cuenta. Parece un poco raro, -¿no?- que en más de una treintena de años nadie me haya hecho esa pregunta.
Como además de ser hijo de mi madre soy hijo de mi tiempo, supongo que mucha gente hubiera respondido igual.
Eva Illouz
Intimidades congeladas
Las emociones en el capitalismo
Acabo de leerme un libro muy interesante que trata el tema de las emociones. Se llama Intimidades Congeladas y su autora es Eva Illouz. El libro está compuesto por tres conferencias y las tres giran en torno a la conformación, gestión, y mediatización de las emociones.
¿Qué es una emoción? Si lo he entendido bien, para Illouz la emoción es la carga de energía que lleva consigo una acción. Las emociones son prerreflexivas y nos sitúan existencialmente con respecto a nosotros y a los demás. Es muy importante entender que prerreflexivo aquí no significa natural: las emociones son, también, culturales. No cabe duda de que en nuestra cultura las emociones tienen un lugar privilegiado.
Illouz habla de estilo terapéutico emocional. “Llamo estilo terapéutico emocional a los modos en que la cultura del siglo xx llegó a “preocuparse” por la vida emocional-su etiologia y morfología- y a desarrollar “técnicas” específicas -Iingüísticas,científicas, interactivas- para comprender y manejar esas emociones.” Fue el calado que el psicoanálisis, en sus distintas versiones, tuvo en la cultura norteamericana, también en la esfera laboral, lo que hizo que la emoción se pusiera en el centro de la reflexión. A partir de ese momento se les dotaba a las personas de instrumentos para reconocer sus emociónes, para nombrarlas, para hacerlas algo de lo que se podía hablar. En lo que respecta a las relaciones de pareja -al amor-, fue determinante que el movimiento feminista adoptara parte del lenguaje de la psicología en aras de hallar una vía eficaz que derivara en relaciones de mayor equidad, de justicia. Hablando de lo que se sentía se podía llegar a un estado de mayor igualdad. LLama la atención el hecho de que en ese trabajo de puesta al descubierto de la emoción ésta quede neutralizada. Al intelectualizar, al conmensurar las emociones, éstas dejan de ser lo que eran, pierden su función
En la recepción popular del psicoanálisis éste iba entrelazado con lo que se daba en llamar literatura de consejos, lo que aquí llamamos autoayuda. Una literatura que mediante unas reglas definidas apela a la voluntad del sujeto para salir del atolladero en el que está o para entrar en la esfera de los triunfadores (en el ámbito laboral y amoroso). En poco tiempo, el sujeto occidental se entendía a sí mismo y a su destino de manera contradictoria. Por un lado estaba irremediablemente marcado por lo sucedido en su infancia y , al mismo tiempo, con las instrucciones de uso de la felicidad en la mano. Y en todo este proceso, los psicólogos iban expandiendo cada vez más el terreno de la patología. Ganaban las empresas (la competencia emocional pasó a ser un posible indicador de la eficiencia del trabajador y por lo tanto de la productividad),ganaban los psicólogos, y ganaban las farmacéuticas. También, es cierto, ganaban las personas, que ahora podían relacionarse entre sí de formas más racionales. Aunque, y al mismo tiempo, eran éstas las que perdían, porque al hacer de las emociones “cosas” las relaciones de pareja podían parecerse cada vez más a las relaciones de intercambio, de mercado, en las que era determinante la diada coste-beneficio.
¿Lo véis ambivalente? Puede ser. Pero me gusta de Illouz que intenta superar lo que ella llama teoría crítica pura practicando una crítica impura, esto es, una crítica que no esta subordinada a una concepción política o moral de la realidad y que estudia cada esfera en relación los aspectos propios de esa esfera.
En la tercera conferencia titulada Redes románticas, en la que hace un análisis muy interesante de una web de citas, sugiere que el paso de la emoción a la estrategia es de ida y vuelta pero de una vuelta más ardua, y llama la atención acerca del peligro de que nos convirtamos en “tontos hiperracionales”, personas incapaces de juzgar sin calcular los costes y los beneficios de su elección, personas que han perdido la función cognitiva corporal, eso que los neurólogos llaman “rebanar fino”, personas que han perdido el instinto vamos, el juicio rápido y certero -e irracional, claro: ¡el amor es ciego!- que hace nuestro cuerpo ante el contacto con otro cuerpo.
Yo no quiero ser un tonto , y menos, un tonto hiperracional.
Ahí queda eso.




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