David Lynch atrapa al big fish y a mí se me pone la piel de gallina
Situación privilegiada: dos amigos están una antipática noche de invierno en el salón de su casa viendo por segunda vez Carrtera perdida ataviados con mantas, infusiones y tabaco. La escena que se desarrolla en la pantalla es ésta:
Finalizada la escena los dos amigos se miran, a uno de ellos le baja una lágrima por el rostro. Una lágrima de miedo, pero no sólo de miedo. El otro tiene la piel de gallina.
El milagro del cine, pero no sólo del cine, se ha producido.
Estoy sorprendido de la manera en la que el director de cine David Lynch ha escrito Atrapa el pez dorado: meditación, conciencia y creatividad. Este libro es claro y luminoso como pocos. Luminoso, sí. El modo de presentar las ideas, el lenguaje que utiliza y su estilo de escritura están en las antípodas de cualquier espectativa que un aficionado a su cine podría hacerse. Salpicado de citas del Bhagavad-Gita y de los Upanishads, Atrapa al pez dorado es el testimonio de un artista feliz, un pescador jovial que atrapa esas grandes ideas, esos peces dorados (la misma luna hecha de sangre en el fondo del mar) según confiesa en reiteradas ocasiones en el libro, gracias a una disciplina denominada meditación trascendental a la cual le es fiel desde hace más de treinta años. Si no he entendido mal, con esta ¿técnica? Lynch bucea hasta el fondo de su propio yo y consigue la ¿energía? suficiente para llevar a cabo la pesca de la idea que vertebrará la obra.
Dice:
“Una idea es un pensamiento. Es un pensamiento que abarca más de lo que crees cuando se te ocurre. Pero en ese instante inicial salta una chispa… Ocurre en un instante, como la vida.
Sería estupendo que la película entera se te ocurriera de una vez. Pero, en mi caso, me llega a fragmentos…
En terciopelo azul fueron primero unos labios rojos, unos jardines verdes y la canción, la versión de “Blue Belbet” de Bobby Vinton. Después llego una oreja tirada en el campo. Y ya está.”
El libro podría ser un artefacto para potenciar la creatividad (litraratura de consejo y tal y cual) pero no se limita sólo a eso, aunque es cierto que no para de señalar a la meditación trascendental como el ingrediente necesario para llevar una vida creativa y feliz. Digo que no se limita sólo a eso porque también leyendo Atrapa… te enteras de cosas interesantes e incluso graciosas que le han pasado mientras rodaba o simplemente vivía.
Para mí Lynch es un maestro en mostrar, entre otras muchas cosas, lo sublime de nuestros infiernos, eso que no se atiene a reflexión sino que se siente, que está ahí: Aquí. Y lo que impresiona del libro es que, contra lo que cabría esperar, no encontramos signo alguno de malditismo. Todo lo contrario: es de un optimismo que impresiona. Mirad lo que dice acerca del sufrimiento en relación con la obra. Habla La Bestia:
“Algunos artistas piensan que la ira, la depresión u otros aspectos negativos les hacen incisivos. Creen que deben aferrarse a esa ira o a ese miedo para poder trasladarlos a su obra. Y no les gusta la idea de ser felices: Les da ganas de vomitar. Creen que perderán lo que los distingue, que perderán su fuerza.
Pero si meditas, no pierdes mordiente. No pierdes creatividad. No pierdes fuerza. De hecho, cuanto más meditas y trasciendes, más aumentan esas cosas…”
Y luego:
“…la dicha es como un chaleco antibalas. Protege. Si tienes suficiente dicha, eres invencible…”
Pues eso, un buenrollista conocedor del lado oscuro, alguien que intenta comprender el mal mostrándolo. En este sentido me parece muy interesante el pasaje en el que cuenta la relación existente entre Carretera perdida y el caso O.J. Simpson:
“Lo que me sorprendió de O.J. Simpson fue que fuera capaz de sonreir y de reírse… Yo me preguntaba cómo era posible que pudiera seguir con su vida después de lo que había hecho. Y descubrimos un término fantástico que se emplea en psicología: fuga psicogénica, referido al modo en que la mente se engaña a sí misma para escapar del horror. Eso es de lo que, en cierto modo, trata Carretera perdida. Y también del hecho de que nada puede esconderse eternamente.”
Algunas cosas buenas que dice Lynch:
- Que no hay que sufrir para ser creativo.
- Que hay que sumergirse más alla de la superficie.
- Que el tiempo no te olvida: que puedes tirarte con lo que hagas una eternidad y el tiempo te espera.
- Que hay que enamorarse de las ideas.
- Y que sabemos más de lo que creemos.
Como dice un cliente del bar donde curro a proposito de los gintonics que se pule:
¡Esto me va a sentar muy bien!


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