Yo me acuerdo de…
Eli y Pepa sintiendo el infinito, en los bloques de Santa Emilia de Rodat, no sé lo que pasó pero sé que charlando charlando nos fuímos lejos de allí, no sé cómo ni por qué, pero os juro que esa sensación no era de este mundo corriente
María y Pepa peleando en el Café de Indias, porque María era casi como mi pareja (¿marido o mujer?) y quería que le llevara un tupper de habichuelas al trabajo, a lo que obviamente yo me oponía, porque estaba deseando salir de aquel antro
Recuerdo cuando el Largo y yo éramos novios, él estudiaba en Granada y la música de Serrat nos servía de banda sonora sexual. ¿Qué tiernos, no?
Me acuerdo de una cucaracha subiéndome por el pie en el piso de Málaga de la Cuesta del Coño, que compartía con Oche, Eli y Saker, mientras leía Rayuela
Recuerdo el WOMAD, el día en que Jemma, Raúl, la Piluca y yo nos échamos la famosa foto del Tinto barato. Me encantaba ese primer WOMAD, de callejuela y cercanía, música y amigos a raudales
Recuerdo lo bien que me lo pasé la noche en que nos hicieron a Sonja y a mi una Gymkana. Era el cumple de Sonja, y yo me marchaba de aventurilla a Venezuela. No sabéis cuántas veces rememoré esa noche desde la lejanía.
Me acuerdo de un día de Reyes, más bien una noche, que estábamos todos exultantes de energía: Saker, Bohemy, Oche, Eli, Raúl… Estaba todo el mundo, ¿no?
Me acuerdo que una noche de verano estuve a punto de morir en San José entripada hasta las cejas mientras miraba el amanecer aplastada por una persiana mientras Eli pensaba cómo iba a deshacerse de mi cuerpo. Nuestro otro yo seguía sin creerse la escena
También me acuerdo de una noche de Feria en la que quien estuvo a punto de morir era el Perito. También entonces iba entripada, esta vez parece que me lo creí mucho más, y justo después de eso llegó la ansiedad por primera vez a mi vida. Creo que entonces decidí no tomar más tripping. De esa noche también me acuerdo de Oche drogado diciendo que qué coño hacía yo allí, quién había pedido mi ayuda, y que me afectó muchísimo.
He vivido en sitios tan distintos que a veces no recuerdo si determinada persona era de Madrid, de Sevilla o de Caracas. Pero siempre me acuerdo de Córdoba, y por ciclos la necesito o la odio, pero nadie la saca de mi pecho.
Ahora no me acuerdo de cuando empecé a sentir cada vez menos interés por formar parte de un grupo de personas, pero sí que me acuerdo de que eso fue muy importante en mi adolescencia.
Me acuerdo de que en la facultad en el piso de Virgen de Belén, Málaga, veíamos mucho cine, de todos los tipos (de autor, comercial, en versión original, musicales, bodrios, obras de arte, anime…), pero solíamos estar tan fumadas que ahora sólo me acuerdo de que he visto mucho cine, pero suelo confundir argumentos y personajes.
Me estoy acordando de la Plaza Séneca, un radiocassette y Espinete a toda hostia. Eso me ha llevado a acordarme de Amanda. Todavía me acuerdo del pijama de ositos que usé la primera noche que dormí en su/ya mi casa de Málaga.
Voy a parar aquí de acordarme de cosas, que me estoy poniendo sentimental, y no es plan, ¿no?
Me acuerdo (Mari)
Me acuerdo… me acuerdo de la primera vez que vi como el asfalto se derretía, era en Córdoba, yo tenía el corsé e íbamos a casa de Raul… (yo no se que hacíamos a las cuatro de la tarde en verano andando por la calle) Me acuerdo sobre todo de la infancia… cuando oigo canciones de Sabina, me recuerdo sentada en la banqueta escalera (que buen nombre para un mueble), viendo como mi madre planchaba, y entonces rehuelo el almidón que usaba. Me acuerdo cuando mi padre iba al mercado con su gran capazo y pasaba por la verja de mi cole y me daba un plátano de desayuno. Desde que me acuerdo, siempre rompí cosas, me caí , dije inconveniencias y respondí mal a los profesores… Tengo muy buena memoria y me acuerdo de demasiadas cosas (desde que fumo hachis y me drogo, menos) y me cuesta mucho olvidar otras. Me acuerdo de una conversación que tuve con mi hermano, siendo muy pequeña, yo aseguraba que me acordaba del día que nací ¿sería verdad?… Y cuando me contó lo que era morirse y que después no había nada: “dejamos de existir y ya está”. Si pienso en vosotros, la cabeza se me transforma en una autopista de recuerdos, cruzándose a toda velocidad…intentaré transcribir las imágenes: Oche en casa de Paula, con Patita en la palma de la mano Pepa y Eli (una de rojo, otra de banco) recitando un texto revolucionario durante la fiesta de la autoperformance …hace 10 años… Jemma alucinando con los ojos azules de Rafa, en la feria de Málaga Lo primero que conocí de Saker, fue un dibujo de un batería negro que me enseñó Paula. Y cuando me hicieron desaparecer en la ampliación de una foto en la que estaba al lado de Perito, al que, recuerdo le hice pasar un mal rato, cuando pasé un papelito a una chica muy mona, en el que ponía: “a mi amigo le gustas” Caín del Sur , recuerdos las veces que nos hemos encontrado circunstancialmente y nos hemos ayudado, en Córdoba,en Málaga, en Granada, en Berlín … la grandiosa aventura de Rafa y los 120 metros cuadrados de laminat… Conversaciones filosóficas de andar por casa, revolución de salón,pensamiento activista,salmorejo en la puerta del burguer king, representaciones teatrales en sevilla,comidas comunitarias, al aire libre, música: la quiniela de los Aslandticos en la casa de la guasa; la primera vez que escuché Ingrediente gris, por cierto, me lo puso Amanda…y juegos, muchos juegos… Eli siempre me gana… También me acuerdo de cosas malas, pero esas no se escriben en los blogs públicos… Quizás me hubiera gustado más, escoger un solo recuerdo y describirlo pausadamente…pero he preferido la siempre fácil y socorrida transcripción simultánea e inconsciente,del pensamiento de una misma. Pero, ¿sabeis una cosa?… hace mucho tiempo que no me acuerdo de los sueños que tengo por la noche, pero si me acuerdo mucho de los sueños que tenía y que aún me quedan por cumplir
Me acuerdo (Raquelme)
Me acuerdo, aunque diga mi madre que no puede ser, de cuando hubo un terremoto en mi pueblo y mi madre me saco de la cuna para salir a la calle.
Siempre me acuerdo de un sueño que tuve en el que me veía corriendo por un parque lleno de amapolas para abrazar a mi perra “Eli” que corría desde la otra punta, como en las películas, a cámara lenta.
Me acuerdo de que el juego de moda en las monjas (párbulos de mi pueblo de 3 a 5 años), era ir cogidos de los hombros cada vez más gente cantando “quí vol jugar a pares y a mares…” hasta que tocaba la sirena.
Me acuerdo de que cuando ya sabía de sobra que “el Ratoncito Pérez” no existía me imagine que un hueco que había en mi cama era su huella de cuando fué a dejarme el regalo bajo la almohada y le dije a mi madre: “¿lo ves?”.
Me acuerdo de cuando no me quería venir a Córdoba a estudiar hace ya 13 años y me acuerdo de la primera persona que conocí fuera de mi familia en Córdoba, apoyado en una columna del paraninfo de la facultad con varios pendientes y pinta de hippie, Jorge Carmona.
Siempre me acordaré de cuando volví de Sevilla de hacer el MIR y fui a “La Casa de la Guasa” y le teníais hecho un porro para cuando Jorge llegara y de mi nadie se acordó.
Me acuerdo de las vacaciones del verano con Javi, La Isa, Antono, Paco, Pitu, Borja…de las medusas que había en la playa de “La Manga” mientras nos bañábamos eufóricos la primera noche que llegamos al camping Caravaning, el mismo Camping que luego consultamos como posible estancia para el concierto de Rubén Blades en Cartagena. Por cierto me acuerdo mucho de que pasó de nosotros a pesar de que fuimos los que más disfrutamos del concierto…me acuerdo de los litros de sudor…del Oche colándose en el Hotel.
Nos hemos acordado mucho de las fiestas del Barbitúrico cuando estaba preparándome el MIR y de los simulacros.
Me acuerdo de la primera noche que dormí con Saker que habrimos un paquete de pica-pica creyendo que era un condón y se nos cayó por encima.
Me acuerdo de cuando mi madre me hizo escribir en un papel cien veces “no diré nunca más no me puedo dormir, no diré nunca más…” porque todas las noches iba a su cama a dormir con ellos por lo mismo. Me acuerdo mucho de cuando se disfrazó en carnaval de hawaiana embarazada de mi hermana y se pinto una cara en la barriga donde el ombligo era la nariz y de que una vez se disfrazo con la madre de mi amiga Alicia para vigilarnos en la primera noche de carnaval que salíamos y no nos dimos cuenta en toda la noche de que estaban bailando a nuestro lado.
Me acuerdo de cuando estábamos de huelga por la noche en la facultad y el Miguel no podía jugar a las damas chinas por que tenia los dedos tan hinchados de tocar el timbal que no le cabían en el tablero para coger las fichas.
Me acuerdo de la sensación al poner los pies en el suelo inundado del piso de Rosal de la Frontera a las 5 de la mañana, después de que un vecino tocara el timbre tras ver la catarata de agua que caía por el hueco de la escalera, y del Saker haciendo fotos diciendo como loco: “por fin el salón en olas” en vez de recoger agua.
Supongo que ahora no dejaré de acordarme de más cosas.
No me acuerdo de ninguna frase para terminar esto con clase…
Me acuerdo (Sakerinox)
Me acuerdo mucho de mi padre: Llevándome los domingos soleados a los ministerios para ver los barcos de radiocontrol en el estanque, cogiéndome del cuello al caminar por la calle, crujiéndome la espalda por las tardes tirados en el suelo, cuando lo abrazaba después de ducharme para refrescarlo en el verano… De cogerle la mano y tocarle la cara yerma en el pasillo de su casa.
Me acuerdo de mearme en los pantalones detrás de mi pupitre porque aún era lo suficientemente inocente como para no interrumpir la conversación de la Señorita Conchita y el director Don Pedro Polo. Me acuerdo de secarme después frente a la estufa metálica de la clase durante toda la tarde y salir corriendo cuando sonó el timbre con la sudadera atada del revés a la cintura para que no se notara lo acartonado del pantalón.
Me acuerdo del bar Tenerife las mañanas de Sábado que había partido del Fray Albino. Me acuerdo de dos goles de cabeza al Córdoba de Alevines en el Enrique Puga y cómo perdimos 3 a 2. Me acuerdo de Rojas, de Santi de Alejandro…
Me acuerdo del último día que me aburrí. Estaba mirando las ondulaciones y las sombras de un visillo en el suelo y me decía: estoy completamente aburrido.
Me acuerdo de rebobinar cintas con un boli bic para escuchar una y otra vez la misma canción de Cypress Hill en los pasillos del instituto.
Me acuerdo del ambientador Brise del local donde pasábamos interminables horas detrás de la ilusión de una maqueta. Me acuerdo de pasear con Muten y Oche por Cañero.
Me acuerdo de la claustrofóbica habitación de Oche y del respeto que me infundaba estar en su casa. Me acuerdo de sus sangüis triples sobre una bandeja con ositos.
Me acuerdo también de los sangüis aplastados contra la sartén con plato durallex transparente de la abuela de Muten. Me acuerdo de una noche que me quedé a dormir y me dieron miedo las campanadas y el recuerdo de los infantes de Lara de la calle Cabezas.
Me acuerdo de jugar con el agua de los charcos fabricando ríos con cataratas haciendo surcos en un muro ruinoso de la que llamábamos Casa Vieja, hoy Hotel Hesperia.
Me acuerdo de leer a Cortázar y a Calvino.
Me acuerdo de las Italianas.
Me acuerdo de un joven negro apuesto y con gabardina, que caminaba muy altivo por una plaza de Brighton. Le pregunté la hora y se le iluminó la cara, con un gesto de esgrima alzo su manga y dijo, -Yeah, half past ten- como lo diría un rapero encocado.
Me acuerdo de Raquel sentada en el sillón de su casa de Parque Cruz Conde recién duchada. Recuedro que sentía mucho respeto por ella. Me acuerdo como me temblaron las piernas el momento en que le dije que aceptaba su invitación para dormir acompañados.
Me acuerdo de una francesa que le toqué las tetas en el parque de al lado de mi casa. Sólo tocar.
Me acuerdo de despertar de madrugada y darle un trago a la colonia S3.
Me acuerdo de abrir el frigorífico y darle un mordisco a un trozo de sangre congelada creyendo que era chocolate puro.
Me acuerdo que siempre he confundido los colores.
Me acuerdo de los jefes en mis trabajos.
Me acuerdo de un paseo en familia por la sierra cuando el Corazón de Jesús de las Ermitas no tenía cabeza. Pasamos cerca y yo no quería, imaginaba que la cabeza se me caía encima. Me acuerdo de que siempre he tenido miedo de las imágenes religiosas cristianas. Me acuerdo de que por las noches rezaba pidiendo que no se me apareciera nunca la Virgen porque me moriría.
Me acuerdo de cosas que no quiero recordar.
Me acuerdo de salvar del ahogo a mi hermano Paco con un vaso de Coca Cola.
Me acuerdo de mi madre en el Fontanar cuando la llamaron por megafonía para comunicarle que su hermano Julian había muerto. Recuerdo estar sentado en la acera a las 4 de la tarde con el calor de los aires acondicionados.
Me acuerdo de que tengo que darle fin a esto en algún momento.
Me acuerdo de jugar a ver los duendes con Pepa y Eli en el local del Ingrediente y Putopía.
Me acuerdo de la guitarra del cuarto de Perito y de la pegatina de su flexo.
Me acuerdo de ver patinar en el skatepark.
Me acuerdo de la Yoli con las coletas en el Velouria.
Me acuerdo del orden de la casa de Stiven. Me acuerdo de la rana Gustavo y de Esteve Urquel.
Me acuerdo de Webster, de Alf, de Kiko Veneno haciendo de Frankestein en La Bola.
Me acuerdo de comerme una fuente de patatas fritas viendo los Snorkels mientras mis padres discutían.
Me acuerdo de los dibujos de Ulises.
Me acuerdo de Jose Juan y de Nico, de las fiestas en Rompeolas cuando ponian una canción de BoyzIIMen y todas las parejas se morreaban.
Me acuerdo del primer porro que probé en la calle Rosario.
Me acuerdo de los discos de Prince de Paco Cubero.
Bueno Basta!!
Me acuerdo (Raise Jamo)
Me acuerdo del piano blanco que había a la izquierda, nada más entrar en la guardería, y del olor a colonia de aquel angustioso momento en que sabía que iba a ser abandonado allí, por mi madre y sin entender el porqué.
Me acuerdo de cuando vi en la cocina un pescado raro recién comprado (que animal más feo) y para mi sorpresa me dijeron que aquello era un calamar – ¡eso no es! – Yo sólo conocía los calamares “a la romana” y creía que los calamares eran como un cero que pululaba por el mar.
Me acuerdo de tener la cabeza llena de recuerdos cuando oí a alguien decir que cuando tienes más recuerdos que ilusiones es que eres un viejo. Respiré tranquilo auto-convenciéndome de que también estaba lleno de ilusiones.
Me acuerdo de la primera página de la cartilla palau con la que aprendí a leer: araña, elefante, iglesia, ojo, uva. Me acuerdo de la electrizante sensación de pasar una pelota por un aro en el patio del colegio. Aún no llegaba al metro sesenta pero supe que el baloncesto me iba a gustar mucho más que el fútbol. Y me acuerdo de la enuresis. Miguel A. Pleguezuelos dijo: – a mi no me da vergüenza decir que me meo en la cama. Sé que todos vosotros también lo hacéis -. Y todos callados.
Me acuerdo de los primeros días de verano, de vacaciones en Menorca. En cuanto llegaba iba a buscar a mis amigos de Madrid, pero su abuela me decía que ellos llegaban dos o tres días más tarde.
Me acuerdo de la mierda que pillé bebiendo de todo estando de camping en Calafell. De cómo alucinas cuando te cuentan que estuviste vomitando en la playa y otras historias y no me acuerdo de nada.
Me acuerdo de pensar mucho, pero sin sacar conclusiones.
Me acuerdo de estudiar mucho, pero sin asimilar contenidos.
Me acuerdo del día que llegué de Terrassa a Córdoba para quedarme a vivir. Los meses antes pude decir que no quería, pero ya era tarde. Sentado con mi hermana mayor en el escalón de una bodeguilla “pan arenas” en la claustrofóbica avenida almogávares frente al piso que iba a ser mi casa y pensando dónde coño me había metido.
Me acuerdo de cómo desde los doce años me sentía atraído por el universo de las letras y músicas de las canciones de Radio Futura y de ir a verles a la plaza de toros recién cumplidos los quince. Tardé mucho en darme cuenta de que Córdoba era una auténtica Escuela de Calor.
Me acuerdo de una mañana que fui a la filmoteca para volver a ver “Oublie-moi” y vi por allí al Oche, yo no lo conocía, pero pensé que debía ser una persona interesante.
Me acuerdo del Bohemy dándome un abrazo.
Me acuerdo de ver al Perito en su coche desde el retrovisor del mío. Le deseaba la suerte que merecía, un día antes de ser abducido definitivamente por la tecnología.
Me acuerdo de momentos que no he vivido. En blanco y negro por calles de una ciudad francesa. Lo soñé o debió ser en otra existencia.
Me acuerdo (Caín)
Me acuerdo de tantas cosas que se me olvidan porque ya no hay sitio en mi maltratado cerebro. Pero me acuerdo de mí, y eso es importante.
Me acuerdo de Pepa, Montse, Ruth, la prima de la novia del Salva, Luna, María, Auxi, las turcas de Mallorca, Rosa, la finlandesa de 14 años, Emma, Ana, Lidia, Eli, la inglesa que se llevó mi “Days of War”, la italiana… No me acuerdo de otras. Pero me acuerdo extremadamente bien del día que conocí a Sonja: Pabellón Vista-alegre, concierto de los Aslándticos, panfleto anti-Macdonals.
Me acuerdo del día que me monté en el autobús dirección Universidad de Granada y mi padre, que me acompañaba como siempre hace, volvía su cara para que, desde mi asiento, no pudiera ver sus lágrimas. Me acuerdo de ponerme las gafas de sol en el aeropuerto de Málaga, mientras esperaba el avión dirección Berlín, para impedir que me viesen llorar por toda la familia que dejaba en Córdoba.
Me acuerdo de un chaval canijo llamado Jorge que entró nuevo a nuestro equipo de natación; era del único que el Chema y yo podíamos reírnos dado que los demás eran mayores y se reían de nosotros. Me acuerdo perféctamente: “Ja, jaja, míralo, míralo. Parece Steve Urkel. ¿Qué pasa Steve?”. Pero no me acuerdo cuándo empezamos a llamarlo Steven. (Pausa larga) A propósito de la natación me acuerdo de las guerras de “gapos” que echábamos en las pausas de las series. Lo mejor era cuando acertabas en la boca mientras el otro la abría porque le faltaba el aire después de las 10x100m.
La natación me dio mucho. Me acuerdo de estar esperando la beca para el Cerrado Calderón de Málaga (no estaba confirmada pero era cuestión de tiempo). Y me acuerdo como tres días después de saber que mi nombre se barajaba, me rompí un hueso del pie andando por el cesped de la piscina Santuario. Allí acabó mi carrera de nadador , nada más empezar. Seis o siete años después gané la única medalla de la que estoy orgulloso: subcampeón de Andalucía absoluto en 50 metros mariposa.
Me acuerdo de Granada, del Paco, del Salva, del Jordan, del Parque…
Me acuerdo del olor a vinagre de mi cama en Amsterdam. Era olor de muerte, de locura. Y me acuerdo de llorar como nunca he llorado, abrazado a mi colega Raul, sabiendo que me tenía que ir de esa ciudad sin haber conseguido nada. Ese mismo Raul no durmió la noche que me dio el mal rollo de setas, esperando que me durmiera y me relajara.
Me acuerdo que por aquella época yo creía en Dios.
Me acuerdo que tres meses después de llegar de Amsterdam me entró la depresión, los ataques de ansiedad y de pánico. Me acuerdo que le pregunté al Steven una noche en el skatepark: “Jorge tengo algo raro en la cabeza, no sé lo que es. ¿Crees que me estoy volviendo loco?” El me recomendó que dejara de fumar porros, pero no lo hice.
Me acuerdo, de ese año, sólo de la sensación de locura. Porque realmente no me acuerdo de nada. Bueno, sí me acuerdo, pero las guardo para mí porque son demasiado… locura o psicopatía o lo que sea. Si no fuera por el Rafa ese año tendría que haber tomado medicación; y menos mal que no la tomé.
Me acuerdo que cuando se me pasó eso, de un día para otro en Mallorca, dejé de creer en Dios. Si no me ayudo yo no hay Dios que me ayude.
Me acuerdo del Oche y el Muten un día en la fuente que hay en frente del ambulatorio de la Fuensanta. El Oche llevaba una camiseta de Bob Marley que más tarde me regaló.
Yo también me acuerdo de los porros del Orejas, de los del Kies, de los del Kito, el negro…. Y me acuerdo que una vez nos estafaron 5 talegos cuando fuimos a pillar para la fiesta de fin de año; esa fiesta donde se puso pasta para comprar comida, bebida y porros. No me acuerdo si el que iba conmigo era el Oche o el Steven. Creo que el Steven. Me acuerdo como ese fin de año mis hermanos pequeños me miraban repartir los porros a la peña; me verían como el mafia del grupo o algo así.
Me acuerdo que nunca me sentí integrado de verdad en la OCC.
Me acuerdo de ver al Perito, antes de ser el Perito, patinar y sentir admiración por él y sus kiflick 360º.
Ahora mismo me estoy acordando de la Noe.
Me acuerdo que he dejado de fumar porros pero no me acuerdo cuando.
Por último me acuerdo de habérmelo pasado muy bien con mis padres la semana pasada aquí en Berlín. Creo que nunca me lo he pasado tan bien con ellos.
Me acuerdo (Oche)
(Como esto no tiene fin, lo que he hecho es tomar al azar algunos me acuerdos, así que no están aquí por orden de relevancia, ni tan siquiera por orden cronológico, pero me mola la selección que me ha salido al final)
Me acuerdo de la sensación de seguridad que me daba estar en el regazo de mi madre, con la oreja pegada a su pecho, sintiendo la reverberación de su voz, escuchando sin entender demasiado la conversación que ella mantenía con su amiga o alguna de sus hermanas cuando volviamos a casa en autobús.
Me acuerdo de Public Enemy en el programa de Hermida
Me acuerdo de lo contento que se puso mi tío Manolo cuando pesqué mi primera carpa, en el río, cerca del molino.
Me acuerdo de las Ray Ban que Silvio Rodríguez llevaba contradictoriamente puestas en la fotografía que colgaba de la pared de mi cuarto.
Me acuerdo del Saker y del Muten echándole horas al Atari.
Me acuerdo del profesor Pavón cogiendo un boli, dejándolo caer y diciendo: “esto es lo que dice el mundo de la ley de la gravedad”.
Me acuerdo de haber cortado en dos mitades a un moscardón en el poyete de la ventana de mi habitación y de los bichitos marrones, vivos, que se derramaban de una de esas mitades. Me acuerdo que pensé algo que luego ha ido repitiéndose, algo así como “ Ea, ya la he liado”.
Me acuerdo de lo que se dice al comienzo de El Odio.
Me acuerdo de mi tita Regi (la tía de mi Madre) mediando entre la borrachera de mi padre y las lágrimas de mi madre.
Me acuerdo de la frase final de Milagro en Milán.
Me acuerdo de estar seguro de saber lo feliz que era mi novia en la borda del Transmediterránea de las Baleares.
Me acuerdo de empalmarme por las mañanas en el autobús que nos llevaba a la Laboral y del corte que me daba cuando alguien se sentaba a mi lado.
Me acuerdo del perro de mi vecina, Bobi, echado en el portal de mi casa, medio inválido, lanzando una especie de rugido desganado y cascarrabias cada vez que alguien pasaba a su lado.
Me acuerdo de que estando en el parvulario no fui capaz de hallar la solución de un ejercicio que nos puso la señorita Juana ( por ese tiempo, claro, yo no sabía que ella era la poeta Juana Castro). Era un laberinto, y yo guarreé de tal manera la hoja que, disimuladamente: la arranqué del cuadernillo, la doblé, me la metí por debajo del babi y cuando llegó la hora del recreo me fui al patio de los mayores y la enterré.
Me acuerdo del Bohemy diciéndome que de aquí a dos semanas se acababa el mundo, que lo había dicho un tío que tenía unos estigmas brutales en la revista Más allá, me acuerdo de que me preocupé.
Me acuerdo del minibillar que me regalaron para los reyes y de jugar con él con mi padre algún que otro sábado por la mañana.
Me acuerdo de mi madre colgando globos en la lámpara del salón el día de nochevieja.
Me acuerdo del Agujas cortando los porros, que él vendía y yo me fumaba, a bocados, me acuerdo del hilillo de baba que se extendía de su boca a la bellota de hachís de tercera y de que no me daba ningún asco.
Ich erinnere mich an B18
Me acuerdo del B18.
got me a movie
i want you to know
slicing up eyeballs
i want you to know
girlie so groovy
i want you to know
don’t know about you
but i am un chien andalusia
i am un chien andalusia
i am un chien andalusia
i am un chien andalusia
wanna grow
up to be
be a debaser, (debaser)
debaser, (debaser)
debaser, (debaser)
debaser, (debaser)
debaser, (debaser)
debaser, (debaser)
got me a movie
ha ha ha ho
slicing up eyeballs
ha ha ha ho
girlie so groovie
ha ha ha ho
don’t know about you
but i am un chien andalusia
i am un chien andalusia
i am un chien andalusia
i am un chien andalusia
(debaser), debaser
(debaser), debaser
(debaser), debaser
(debaser), debaser
(debaser), debaser
(debaser), debaser
¿De qué nos acordamos?
Leyendo el último relato del libro de Juan Bonilla Tanta gente sola, titulado El lector de Perec se me ha ocurrido que podemos hacer en este blog una buena selección de “me acuerdos” propios.

El libro de Perec está compuesto por un mogollón de anotaciones y todas ellas empiezan con las palabras “Me acuerdo”. Dice el narrador del relato de Bonilla que Perec pidió a sus distintos editores que dejaran al final del ejemplar unas cuantas páginas en blanco, para que el lector del libro pudiera completarlo con sus “me acuerdos”. (Por cierto, en el relato se mienta que la ocurrencia de hacer un libro con esta estructura no es de Perec, sino de Joe Brainard cuyo I remember ha sido traducido recientemente por Julia. Por Julia Osuna.) Pues eso, amigos, aunque no nos hayamos leído el libro de Perec ( yo hojeé en las calas de Roche el de Brainard) he pensado que sería bonito rellenar esas hojas en blanco aquí, en la vuelta al día, con nuestros “me acuerdos” y ver en qué coincidimos, qué nos dicen los recuerdos de los demas, qué figura epocal conseguimos fijar. Yo por mi parte voy a ver de qué me acuerdo, y voy a hacer una selección con los me acuerdos más significativos para mí. Venga, Raúl, Perito, Sakerinox, Bohemy, Pepa, Electrohamama, Caín del Sur, Muten, Dámaso J., Mari, Ángela, Rafak y todo el que se anime, ¿de qué os acordáis?


Paseos recientes